Las escuelas de México comienzan a resentir una crisis silenciosa: cada vez nacen menos niños y las aulas construidas para recibir a decenas de estudiantes se están quedando vacías. La reducción de la matrícula ha obligado a cerrar planteles, cancelar turnos vespertinos y juntar alumnos de diferentes grados, mientras maestros enfrentan menos oportunidades laborales.
De acuerdo con cifras de la encuesta intercensal de 2025 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), la fecundidad en el país mantiene una tendencia a la baja, aunque los indicadores citados sobre el número de hijos por mujer presentan diferencias que deben distinguirse de los datos de nacimientos registrados. Esta transformación demográfica ya tiene consecuencias visibles en la educación básica.
El problema también alcanza a los profesores. La reducción de grupos disminuye las horas de trabajo, afecta los ingresos de docentes de escuelas particulares y limita las posibilidades de contratación para quienes egresan de las normales. En Durango, las cifras citadas por autoridades educativas señalan que se ofrecen alrededor de 90 plazas anuales para más de mil 800 egresados de la Licenciatura en Educación Primaria.
Las consecuencias son contradictorias: mientras algunas escuelas cierran por falta de alumnos, en zonas de alta demanda, hay familias que deben trasladarse más lejos para encontrar un lugar disponible. La distribución desigual de la población escolar complica la reorganización del sistema educativo.
Especialistas advierten que la caída de la fecundidad también acelerará el envejecimiento poblacional y ejercerá presión sobre las pensiones, los servicios de salud y los sistemas de cuidados. Sin embargo, la reducción de estudiantes podría convertirse en una oportunidad para disminuir el tamaño de los grupos y mejorar el aprendizaje, siempre que existan una planeación adecuada y recursos suficientes.











