Lo que parecía un panteón común escondía un escenario de terror: restos humanos enterrados de forma irregular durante años salen a la luz en Morelos.
El horror volvió a emerger desde las entrañas de la tierra en Morelos. Durante la quinta etapa de exhumaciones en las fosas del panteón municipal “Pedro Amaro”, en Jojutla, fueron recuperados al menos 30 cuerpos y restos humanos, entre ellos mujeres, menores de edad e incluso bebés, denunciaron colectivos de búsqueda.
Las imágenes y testimonios estremecen: lo que debía ser un lugar de descanso eterno se convirtió, durante años, en un sitio de inhumaciones irregulares realizadas por la propia fiscalía estatal.
Las labores, que se extendieron del 16 de marzo al 17 de abril, destaparon una realidad cruda y dolorosa. Cada excavación revelaba restos, historias truncadas y familias que aún buscan respuestas.
Edith Hernández Torres, integrante del colectivo Regresando a Casa Morelos, advirtió que la tragedia no termina con el hallazgo.
“Vamos alrededor de 30 cuerpos recuperados, pero hay casos en los que ya no es posible obtener perfil genético por el paso del tiempo, y eso es devastador para las familias”, señaló.
La identificación se ha convertido en otro campo de batalla. Autoridades como la Guardia Nacional, la Fiscalía General de la República y la Fiscalía estatal deciden si es posible obtener muestras genéticas, mientras la incertidumbre sigue creciendo entre quienes buscan a sus seres queridos.
En medio del dolor, también surgieron denuncias. Amalia Hernández, del colectivo Desaparecidos Tetelcingo Jojutla, acusó retrasos y falta de planeación por parte de las autoridades.
“Se tardaron semanas en iniciar correctamente los trabajos. No había claridad, no había orden”, reprochó.
Entre los hallazgos que más conmocionaron se encuentra el caso de un neonato de apenas seis o siete meses de gestación, además de restos de niñas y mujeres, lo que elevó la indignación de los colectivos.
A esto se suma la falta de información. De acuerdo con los activistas, la Fiscalía General del Estado no entregó un plan integral de exhumación, lo que ha generado opacidad en el proceso y dudas sobre lo que aún permanece oculto bajo tierra.
Pese a este escenario, los colectivos reconocieron una ligera apertura en esta etapa, así como mejores condiciones para el trabajo pericial. Sin embargo, el reclamo sigue firme: miles de restos recuperados en años anteriores continúan sin ser identificados.
“El rezago es enorme. Necesitamos saber quiénes son, darles nombre y regresarles su historia”, exigieron.
La pesadilla aún no termina. Autoridades y colectivos acordaron continuar con una sexta fase de exhumaciones a finales de mayo, donde podrían surgir más restos y, con ellos, nuevas preguntas.
Porque en Jojutla, Morelos, la tierra sigue hablando… y lo que está revelando es una de las caras más crudas del país.












