Durante días el crudo se esparció sin control… mientras dentro de la petrolera negaban la fuga y retrasaban acciones clave
El derrame de hidrocarburo que encendió las alertas en el Golfo de México en febrero de 2026 no fue un accidente menor ni un hecho aislado. La propia Petróleos Mexicanos (Pemex) confirmó que la emergencia se originó por la fuga en un oleoducto submarino de 36 pulgadas en la zona del complejo Abkatún-Pol-Chuc, en la Sonda de Campeche.
Pero lo que más preocupa no es solo el derrame… sino lo que ocurrió mientras el petróleo ya se expandía en el mar.
Durante una conferencia, el director de Pemex, Víctor Rodríguez Padilla, aclaró que la fuga no ocurrió en una plataforma, sino en infraestructura submarina. Sin embargo, la reconstrucción oficial revela una cadena de omisiones que permitió que el hidrocarburo escapara durante varios días.
De acuerdo con el informe, la fuga ocurrió entre el 4 y el 17 de febrero. Aunque el punto exacto fue localizado el día 8 por buzos especializados, el cierre total del flujo no se concretó sino hasta el 14 de febrero. Es decir, el crudo siguió saliendo al mar durante días cruciales.
Mientras tanto, las manchas de hidrocarburo ya eran visibles incluso desde imágenes satelitales, y poco después comenzaron a llegar a las costas de Campeche, Tabasco, Veracruz y Tamaulipas, afectando playas, manglares y zonas pesqueras.
Los hallazgos de la investigación interna son contundentes: hubo falta de notificación a altos mandos, negación inicial de la fuga por parte de áreas operativas y un retraso en el cierre de la válvula principal.
También se detectaron inconsistencias en bitácoras, despliegue de recursos que no correspondía con la gravedad del incidente y el presunto ocultamiento de al menos 350 metros cúbicos de agua oleosa recuperada.
El punto exacto de la fuga, además, coincide con la estela de hidrocarburo detectada por análisis científicos, lo que refuerza la versión de que el problema fue subestimado desde el inicio.
El operativo de contención movilizó a más de 3,300 elementos, 25 embarcaciones, aeronaves y drones, además de más de 5 mil metros de barreras. Aun así, el impacto ya estaba hecho.
Se han recolectado cerca de 915 toneladas de residuos contaminados, tras recorridos en más de 600 kilómetros de litoral y la atención de al menos 48 playas.
Aunque las autoridades aseguran que no hubo mortandad masiva, sí se reportaron afectaciones a fauna, incluyendo tortugas marinas: 13 ejemplares atendidos, de los cuales 12 murieron.
Tras el escándalo, Pemex presentó denuncias ante la Fiscalía General de la República y la Secretaría Anticorrupción. Además, tres funcionarios fueron separados de sus cargos, incluyendo responsables de seguridad ambiental y control de derrames.
Como medida posterior, se anunció la creación del Observatorio Permanente del Golfo de México, con el objetivo de vigilar, prevenir y responder a futuras contingencias.
Sin embargo, para comunidades costeras y pescadores, la pregunta sigue en el aire: ¿fue realmente un accidente… o una tragedia agravada por negligencia y silencio?
El derrame no solo dejó una mancha en el mar, sino también dudas profundas sobre la capacidad de respuesta y transparencia en una de las industrias más sensibles del país.













